El conflicto de los horarios laborales en la pareja

Laura ve a su esposo dos horas cada día, entre 7 y 9 de la noche. A esa hora él sale a trabajar a la planta de distribución de paquetes de una compañía de correo privado y no vuelve hasta las 7 de la mañana, cuando ella ya se ha ido a su trabajo.

El conflicto de los horarios en el trabajo

Pese a las dificultades, la pareja intenta reforzar sus lazos y mantener abierta la comunicación. “Lo único que podemos hacer es compartir la cena todos los días con nuestra hija. Como él trabaja de domingo a jueves tampoco podemos salir con amigos” , dice Laura, quien trabaja como diseñadora gráfica.

Esta no es una situación extraña en países como Estados Unidos. Las estadísticas de la Federación Americana de Trabajadores y Congreso de Organizaciones Industriales (American Federation of Labor and Congress of Industrial Organizations, AFL-CIO) indican que solo el 49 por ciento de la fuerza laboral tiene un horario tradicional de 9 a 5, de lunes a viernes.

El 51 por ciento restante tienen algún conflicto de horarios con sus cónyuges: a veces uno trabaja por la noche y el otro de día o uno durante la semana y el otro los fines de semana.

Los horarios disparejos son conflictivos

Pero a pesar de lo común, no deja de ser una situación difícil para las familias. Según un estudio de la Universidad de Maryland el riesgo de divorcio se multiplica por seis en parejas en las que uno de los cónyuges tiene un horario nocturno, entre la medianoche y las ocho de la mañana.

“Trabajar bajo horarios que no son estándar afecta profundamente la forma de funcionar de una familia” , señala Harriet Presser, la catedrática que dirigió el estudio.

Caminar sobre la soga

La investigación, que fue publicada hace unos años en la revista Journal of Marriage and Family, agrega que las parejas en las que un cónyuge cambia de horario de trabajo periódicamente también corren un mayor riesgo de divorcio.

Mariángela Velásquez trabajó seis años en una agencia de noticias. Sus horarios variaban cada tres meses, nunca tuvo los fines de semana libres y durante todo un año trabajó en un horario nocturno, entre las 10 de la noche y las 7 de la mañana. Durante esa época, su vida social desapareció y apenas veía a su esposo.

“En seis años solo pasé una Navidad libre. Lo peor es el estado de ánimo. Tuve depresiones, trastornos del sueño y muchas peleas con mi esposo”, dice.

Aprovechar al máximo el tiempo en casa

Reforzar los lazos familiares y la comunicación dentro de la unidad familiar es fundamental, afirma Presser. El cónyuge que trabaja por las noches o que cambia continuamente de horario está sometido a un alto nivel de estrés físico que termina por afectar y perjudicar a la familia.

Sin embargo, el estudio acentúa que los horarios disparejos solo son un problema cuando el matrimonio tiene hijos. Trabajar a horas distintas somete a la persona a un estrés físico y psicológico, especialmente si hay niños en la casa. El número de separaciones y divorcios es mucho mayor en este tipo de situaciones.

El estudio recalca lo importante que es para la salud de la pareja compartir la cena, participar en actividades con los niños y disfrutar de una vida familiar y social.